Sábado 28 de Mayo,
La mañana se pasó volando. Recibí un mensaje, me hizo llorar lo que quedó del día. Llegué a larcomar a las 5:30 y ni siquiera en el camino dejé de llorar, me sentía muy triste. Me encontré con algunas personas del Twitter, a las cuales conocí por primera vez.
Yo sabía a lo que iba, pero no pensé sentir todo lo que sentí. He perdido la cuenta de todos los abrazos que dí, de todas las sonrisas que solté, y, realmente no tengo palabras para expresar mi gratitud hacia gente que, si bien es cierto, no conozco y no hay ningún vínculo afectivo hacia ellos, me hicieron tan feliz al extenderme los brazos y soltarme una sonrisa.
Me hizo feliz dar cariño en algunos segundos, segundos que para mí serán eternos, porque sé que siempre un buen momento queda grabado, y ahora para mí ése será un motivo más por el cual tenga que sonreír cuando las circunstancias me obliguen a lo contrario.
Me doy cuenta que estoy rodeada de personas muy buenas, buenas de alma y corazón, gente sincera que desea lo mejor. Gente común y corriente, con muchos defectos, con muchas virtudes, pero con un alma tan grande, con un corazón muy noble... al final, eso es lo más significativo.
Abracé mucho, pero algunos abrazos entregados marcaron y hoy les guardo especial cariño. Me pregunto, ¿quiénes serán? ¿los volveré a ver?. Una chica que me dijo realmente lo necesitaba, porque se sentía mal. Una viejita, que dijo que a veces los nietos se olvidan de los abuelos, que ella sólo tiene a su perrita para darle amor; no sabía cómo agradecer el cariño que le dí en unos minutos, porque no pude evitar abrazarla más de una vez... ¡qué alegría sentí al verla sonreír!. Un señor, que hizo que abrazáramos a toda su familia con la cual salió a pasear, porque dijo que un abrazo purifica el alma. Una señora, que preguntaba si realmente los abrazos eran gratis, luego de abrazarla dio unos pasos y volteó para volver a abrazarme; me consternó, su mirada tenía un brillo especial, como si tuviera una pena en el alma...
Una vez más, no sé cómo expresar cuán bien me sentí después de terminar la hora y media de abrazos gratis por las calles Miraflorinas.
Lo mejor de todo fue llegar a mi casa y abrazar a mi hermanas, a mi mamá. Por tantas diferencias que hay, olvidé cuánto las quiero, muchas veces olvidé abrazarlas, olvidé demostrar más mi cariño.
Al fin y al cabo, somos humanos, soy humana, siento, lloro, río, actúo mal, etc.... tengo miles de defectos, pero también millones de virtudes que sé que pesan más en la balanza de mi vida. Siento que mi alma es noble, siento que todos somos así, pero muchas veces nos dejamos llevar por ciertas cosas que sólo intentan alejarnos de aquello que está dentro de nosotros y es nuestra verdadera esencia.
Quiero entregar más, quiero luchar más, quiero dar más, quiero crecer, crecer de corazón, de alma, de espíritu, quiero crecer como ser humano... no importan los años; el tiempo no cuenta, cuentan los recuerdos, los momentos vividos, los instantes eternos, los sentimientos que nacen de manera fugaz y se mantienen en sinceridad. Importa ver más allá. Importa la profundidad de lo que sentimos y la intensidad con la que vivimos.
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